Como sentir el amor de Dios
El amor de Dios no siempre se siente de la misma manera
Sentir el amor de Dios no significa vivir continuamente una emoción intensa. A veces se experimenta como paz durante la oración, pero otras veces aparece de una forma mucho más sencilla: la fuerza para afrontar un día difícil, el consuelo recibido en una conversación o el deseo de volver a empezar. Si esperamos únicamente una experiencia extraordinaria, podemos pasar por alto una presencia que se acerca a nosotros con discreción.
Aprender a recibir
Hay personas que saben cuidar, escuchar y sostener a los demás, pero les cuesta mucho recibir. Cuando alguien las trata con ternura, restan importancia al gesto; cuando les ofrecen ayuda, responden que no hace falta; cuando algo bueno sucede, ya están pensando en el siguiente problema. Abrirse al amor de Dios también implica permitir que el bien nos alcance. Podemos detenernos unos segundos ante una palabra amable, una comida compartida o un momento de descanso y reconocer: «Esto también me sostiene».
Dejar que Dios nos mire
La oración puede ser un espacio para dejarnos mirar por Dios, sin tener que demostrar nada. No hace falta encontrar palabras especiales ni presentar una versión mejor de nosotros mismos. Podemos sentarnos en silencio, respirar con calma y decir: «Señor, aquí estoy». Para quien ha pasado muchas veces desapercibido o no se ha sentido tenido en cuenta, esta forma de oración puede resultar difícil. Por eso no conviene forzarla. Se aprende poco a poco, permaneciendo ante una mirada qu e no excluye ni compara.
Reconocer su amor en lo cotidiano
El amor de Dios puede llegarnos mientras alguien nos escucha sin prisa, cuando encontramos serenidad para responder de otra manera o cuando recibimos ayuda en un momento inesperado. También podemos reconocerlo al leer una frase del Evangelio que parece hablarnos personalmente, al contemplar la naturaleza o al compartir la fe con otras personas. Estos momentos no eliminan los problemas, pero nos recuerdan que nuestra vida contiene más realidad que aquello que nos preocupa
Volver a la fuente
Jesús habla de un Padre que conoce nuestras necesidades y cuida incluso de los pájaros del cielo (Mateo 6,25-34). No dice que nunca atravesaremos dificultades, sino que nuestra vida está sostenida por un amor mayor que nuestros miedos. Cuando no sepamos cómo acercarnos, podemos repetir despacio una oración muy sencilla: «Señor, ayúdame a recibir hoy tu amor de la forma en que quieras dármelo». Quizá no sintamos algo especial, pero estaremos disponiendo el corazón para reconocerlo.
Para llevarlo a tu vida
Durante una semana, anota cada noche un gesto concreto de cuidado, paz, belleza o compañía que hayas recibido. Al leerlo, di simplemente: «Gracias, Señor, porque también aquí puedo encontrar tu amor». Puedes compartir en los comentarios en qué momentos cotidianos te resulta más fácil reconocerlo.





