Lo que aprendí leyendo el libro La más profunda aceptación, de Foster
Una reflexión personal sobre el libro La más profunda aceptación, de Foster, y sobre cómo la aceptación puede transformar nuestra forma de vivir.
Hay libros que disfrutamos mientras los leemos y que después quedan en la estantería junto a tantos otros. Nos han aportado algo, hemos subrayado algunas páginas y seguimos adelante. Sin embargo, de vez en cuando aparece un libro diferente. Un libro que no solo nos ofrece ideas interesantes, sino que modifica nuestra manera de mirar la vida.
Eso es lo que me ocurrió con La más profunda aceptación, de Foster.
No recuerdo exactamente cuándo llegó a mis manos, quizás hará más de 10 años ,pero sí recuerdo la sensación que me acompañó durante su lectura. A medida que avanzaba por sus páginas tenía la impresión de que estaba poniendo palabras a un sufrimiento intenso que me acompañaba desde hacia tiempo.
Con frecuencia pensamos que nuestro sufrimiento proviene únicamente de las circunstancias. Sufrimos porque algo no sale como esperábamos, porque una relación se complica, porque aparece una enfermedad o porque la vida toma un rumbo distinto al que habíamos imaginado. Todo eso es cierto. Pero el libro señala algo más profundo: muchas veces sufrimos también porque nos resistimos a la realidad.
No nos resignamos a que las cosas sean como son. Seguimos discutiendo interiormente con lo que está ocurriendo. Una parte de nosotros insiste en que la situación debería ser diferente, que las personas deberían actuar de otra manera o que nosotros mismos deberíamos ser distintos.
Al leer estas páginas me di cuenta de cuánta energía gastamos intentando negociar con la realidad.
Quizá por eso una de las enseñanzas que más me impactó fue descubrir que aceptar no significa rendirse. Durante mucho tiempo asocié la aceptación con una actitud pasiva, como si aceptar fuera dejar de luchar o conformarse. Foster propone algo muy distinto. La aceptación consiste en reconocer honestamente lo que existe antes de decidir qué hacer con ello.
Parece algo sencillo, pero no lo es.
Aceptar que estamos tristes. Aceptar que tenemos miedo. Aceptar una limitación. Aceptar que una etapa ha terminado. Aceptar que no podemos controlarlo todo.
A menudo queremos pasar demasiado rápido a la solución. Buscamos cambiar, corregir o mejorar la situación sin haberla reconocido plenamente. Sin embargo, la experiencia demuestra que aquello que rechazamos suele permanecer, mientras que aquello que aceptamos empieza a transformarse.
Este libro me ha acompañado también en los cursos de crecimiento interior que imparto. De hecho, lo he recomendado a muchos alumnos porque conecta con uno de los aprendizajes más importantes del camino interior: la paz no surge cuando conseguimos que todo sea como queremos, sino cuando dejamos de vivir permanentemente enfrentados a la realidad.
Curiosamente, esta enseñanza tiene una profunda resonancia cristiana. Jesús no vivió huyendo de la realidad ni negando el sufrimiento. Miró de frente la vida tal como era y la acogió con una confianza radical en Dios. La aceptación de la realidad no elimina el dolor ni las dificultades, pero puede abrir un espacio interior desde el que vivirlos de otra manera.
Por eso me gustaría terminar con una pregunta.
¿Hay algún libro que haya cambiado realmente tu forma de ver la vida?
Y si has leído La más profunda aceptación, ¿qué enseñanza te ha dejado?
Me encantará leer tus respuestas y descubrir nuevas lecturas que hayan sido importantes para ti.
Si esta reflexión te ha resultado útil, te invito a compartirla con alguna persona que pueda interesarse por estos temas.
Y si conoces a alguien que busque crecer interiormente desde la fe cristiana, te agradeceré que le recomiendes este blog. Entre todos podemos seguir creando una comunidad de aprendizaje, reflexión y búsqueda.






